Cine, Calvary, el dolor que no sana y el perdón que redime – Chema González Ochoa

Etiquetas: , ,

Densa y recomendable película que pasó por los cines cosechando excelentes críticas y escaso público. Un signo más de los tiempos en donde las honduras reflexivas, los cuestionamientos morales y las obras de calado no interesan

Desde la impactante escena inicial hasta la conclusión sin aliento, hay una fuerza en la película que deja al espectador enmudecido al abandonar la sala. Es una quietud interior necesaria para reordenar lo visto y profundizar en ello.
La historia comienza con la confesión a un clérigo de una persona que en su infancia sufrió los abusos sexuales de un sacerdote y la amenaza de que será asesinado en una semana como venganza de aquello. La revelación la hace bajo secreto de confesión. La complejidad de la obra arranca ya en ese mismo instante, pues quien sufrió la violación desea infringir dolor a la institución católica a través del asesinato de uno de sus miembros ejemplares, el padre James Lavalle (Brendan Gleeson), un hombre bueno y honesto. El espectador asistirá a los siguientes siete días de ese sacerdote que vive en un perdido lugar del condado de Sligo, en Irlanda.
Sus parroquianos son un catálogo, quizá con exceso de simplificación y clichés, de las debilidades humanas que la Iglesia Católica enfrenta en el siglo XXI, en ocasiones sin respuestas claras o socialmente no aceptadas: suicidas, asesinos, homosexuales, machistas violentos, pederastas, ancianos solitarios, defensores de la eutanasia, capitalistas sin escrúpulos… Personajes todos atravesados por heridas internas supurantes, que se esconden tras fachadas de cinismo, indiferencia, absurdo, sexo o alcohol y cuyos podridos intestinos suelen aflojarse ante el padre James.
Hacía tiempo que el cine no resaltaba la mejor cara de un sacerdote en situación tan crítica como en esta película.
Y aquí merece la pena que nos detengamos, pues Calvary tiene gran parte de su fuerza tanto en el personaje del religioso James Lavalle como en el actor que le otorga físico y personalidad, el grandísimo –en todos los sentidos– Brendan Gleeson, actor descomunal que con templanza y oficio sublima un carácter siempre adecuado, en la serenidad y el recogimiento de un confesionario o una conversación intima, o en la desesperación y el desgarro de un incendio, una pelea o en medio de los paisajes de terrible belleza, que inspiraron al poeta Yeats. ¡Qué hermosas las imágenes aéreas del Benbulben como un Gólgota esmeralda!
La prueba del nueve para Brendan Gleeson es que una vez visto el film nadie puede imaginarlo ya sin él. Todo un recital de finura y matices, de emociones, este sacerdote en quien todos vomitan sus demonios y bilis y para los que casi siempre carece de respuestas, tan humano y creíble, tan grande en su fe como en sus dudas. James, el sacerdote de vocación tardía, bueno y coherente, innegable figura crística, es indisoluble a quien lo encarna.
También hay que resaltar al director irlandés John Michael McDonagh, quien con personalidad y lenguaje propio, consigue trasmitir emociones, angustias y padecimientos. Nos engancha, además, con ritmo pausado pero sin descanso, e in crescendo, conjugando con sabiduría la mezcla del thriller y el western. Todo ello en unos paisajes arrebatados y tensos, donde la naturaleza es tan compleja, bella e indomable como el alma humana. Para nada son gratuitos los escenarios dramáticos de la costa occidental de Irlanda, bellamente fotografiados, en los que deambulan esos habitantes espinosos y sufrientes. Más cargante me resultaron los énfasis musicales de Patrick Cassidy.
El bien trabajado guión, excepto la salvedad señalada de lo arquetípico de algunos personajes, viene acompañado por unos diálogos y algunas escenas cargadas de un humor negro, socarrón y vitriólico, marca de la casa, como ya demostró McDonagh en su anterior filme, El irlandés (The Guard, 2011). Obras ambas en las que el protagonista no solo está encarnado por el magnífico Gleeson sino que comparten el hálito crepuscular de los mejores personajes fordianos, maestro a quien el irlandés siempre le hace algún guiño.
Hay momentos meritorios como el incendio de la iglesia ante el que nadie reacciona, o el imborrable diálogo con la joven francesa que acaba de enviudar, o la maravillosa conversación telefónica entre el sacerdote y su hija, en el tramo final, donde la reconciliación, la misericordia, la comprensión y el perdón paterno-filial conmueven hasta el dolor. E impagable es esa cínica escena de la comunión en la que desfilan todos y cada uno de los vecinos, potenciales ejecutores.
Cáusticos y socarrones son los diálogos que mantienen el religioso y sus feligreses, en especial el que desarrolla con Chris O’Dowd (Jack) en la cámara frigorífica de su carnicería, así como las cínicas y negras palabras que siempre le dedica el doctor Harte (Aidan Gillen) o el surrealismo de todo lo que impregna al aristócrata y capitalista interpretado por Dylan Moran.
Estupendo también el manejo de los primeros planos para trasmitirnos el desgarro, el dolor y la débil fachada con la que tratan de esconderlo los personajes que transitan por la película.
Todo ello configura una obra de innegable talento, donde el entramado de situaciones absorben al espectador inteligente y le estimulan la reflexión sobre cuestiones que necesitan de tiempo y silencio. Algo, por cierto, que el propio cine olvida con demasiada frecuencia llenando las imágenes de ruido y furia que diría Macbeth.
Una vez vista, ordenen su cabeza y recompongan las emociones. Luego piensen.

Ficha técnica
Título original: Calvary
Año: 2014
País: Irlanda y Reino Unido
Duración: 100 minutos.
Director: John Michael McDonagh
Guión: John Michael McDonagh
Música: Patrick Cassidy
Montaje: Chris Gill
Producción: Chris Clark, Flora Fernández Marengo y James Flynn
Director de Fotografía: Larry Smith. 
Diseño de Producción: Mark Geraghty
Vestuario: Eimer Ni Mhaoldomhnaigh. 
Intérpretes: Brendan Gleeson (padre James Lavalle), Chris O’Dowd (Jack), Kelly Reilly (Fiona), Aidan Gillen (Dr. Frank Harte), Dylan Moran,  M. Emmet Walsh, Isaach De Bankolé

Sinopsis
Bajo secreto de confesión, un feligrés le anuncia a su párroco que lo asesinará en seis días como venganza por los abusos sexuales que sufrió por parte de un religioso durante su infancia. Aunque reconoce a quien lo amenaza, el sacerdote pasará el tiempo sin denunciarlo y tratando de ayudar en el día a día a su torturada y compleja feligresía.

ALGUNAS PISTAS DE TRABAJO

– ¿Te ha gustado o no la película?, ¿ha conseguido emocionarte y hacerte reflexionar?
– ¿Qué crees que es lo más interesante y el mensaje principal del relato?
– ¿Qué es lo que más te ha gustado de la historia?, ¿qué es lo que más te ha hecho reflexionar?, ¿y lo más original?
– A la luz de la película comenta el título de la película (Calvario) y de la crítica (“El dolor que no sana y el perdón que redime”).
– El padre James es claramente una figura del mismo Cristo. ¿En qué rasgos y acciones le reconoces?
– ¿Cómo actuarías tú ante la misma amenaza que vive el padre James?
– ¿Crees que los diferentes personajes con los que trata el padre James recogen bien el dolor y la situación compleja del mundo actual?
– Revisa la escena en la que padre e hija hablan por teléfono y coméntala en el grupo. ¿Qué te sugiere?, ¿qué actitudes hay en uno y otro?, ¿cómo la encajarías en el desarrollo de la película?, ¿y en un sentido metafórico y religioso?
– Encuentra temas evangélicos en el desarrollo de Calvary.

Te interesará también…

Newsletter

Recibirás un correo con los artículos más interesantes cada mes.
Sin compromiso y gratuito, cuando quieras puedes borrar la suscripción.

últimos artículos

MÁS LEJOS, SIEMPRE MÁS LEJOS – Pablo Santamaría

MÁS LEJOS, SIEMPRE MÁS LEJOS – Pablo Santamaría

Los jóvenes, «cuando se entusiasman por una vida comunitaria, son capaces de grandes sacrificios por los demás y por la comunidad»[1]. Sin duda que la desembocadura de los jóvenes en la comunidad eclesial no tiene que ser el final de su anhelo de navegar y de seguir...