CETR: LA PLURALIDAD RELIGIOSA COMO FUENTE DE SABIDURÍA – Teresa Guardans

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Un grupo de 5º debate sobre el significado de crecer. “Crecer por fuera” se entiende bien, pero ¿de qué va “crecer por dentro”? En la pared, un mural lleno de ideas presidido por un ideograma chino (ren), un término quechua, runakay, y otro en lengua zulú, ubuntu: tres términos relacionados con crecer en “humanidad”, en “eso” que nos hace humanos.

            A partir de un proverbio confuciano, el grupo ha indagado recorriendo un itinerario en el que el profeta Mahoma les ha llamado la atención sobre aprender a leer el libro del universo, con el Buda han reflexionado sobre la importancia de hacerse buenas preguntas, con Jesús sobre el valor de la autenticidad; Moisés, Confucio, Wangari Maathai, Irena Sendler, Wittgenstein, ¡etc.! Por todas partes han encontrado pistas, aunque para descifrarlas haya sido necesario interpretar textos algo enigmáticos, de esos que no vale tomarlos al pie de la letra. Voces que apuntan a una experiencia honda de la realidad, que invitan a valorar las infinitas posibilidades de desarrollo de los seres humanos, a reflexionar sobre el propio proceso personal, a adquirir mayor conciencia de la responsabilidad que cada uno tiene entre manos. Asumiendo, de la manera más natural, que las tradiciones religiosas esconden un legado de sabiduría que vale la pena explorar, un legado que no es ni de unos ni de otros: es patrimonio de la humanidad.

            Este sería un ejemplo que refleja bien el aire que se respira en Cetr y en su equipo de didáctica. Forma parte de un conjunto de propuestas para distintas edades que puede encontrarse en www.otsiera.com. ¿De dónde surge esa iniciativa?

            ¿Qué es Cetr? Hablamos de un centro, en Barcelona, que abrió puertas en 1999: una biblioteca con un fondo especializado en las distintas religiones, un par de aulas y un programa de actividades, “un espacio laico al servicio del estudio y el cultivo de la calidad humana; y es desde esa perspectiva desde la que abordamos el acercamiento a las tradiciones religiosas”–puede leerse en la presentación de la web del centro (www.cetr.net).

            Pero… “¿quién hay detrás?” –pregunta más de uno al asomarse por ahí. Fácil: detrás hay un equipo que comparte un interés y muchos interrogantes: interés por la espiritualidad, por el desarrollo humano pleno, con los ojos abiertos a la radical transformación cultural en la que estamos inmersos. ¿Cómo abordar, cómo concebir, cómo vivir, cómo comunicar esa posibilidad en las condiciones propias de la innovación continua, la globalización, los flujos de información, etc.? Detrás hay horas y años de reflexión compartida, en los que habría que destacar un nombre propio: Marià Corbí, investigador de las transformaciones de los sistemas de valores y de las formas religiosas, un referente para quienes vivíamos con dificultad el encaje con el entorno religioso en el que habíamos nacido. “No tiréis el cesto con el niño dentro –insistía a menudo–, sería una pérdida inmensa”. Nos invitaba a comprender el desplazamiento cultural que estábamos protagonizando, a ver las líneas maestras del camino interior en su desnudez, a acercarnos a las fuentes como lo haría un aprendiz de pintor con las obras de sus predecesores: para aprender de ellas, apreciando la riqueza de la diversidad. A buscar formas de cultivo de esa dimensión en diálogo con las distintas tradiciones religiosas, no para nuestra tranquilidad personal, sino por responsabilidad hacia los que venían detrás.

            Hasta que se fue consolidando la idea de un centro, una oferta pública al servicio de estos propósitos. Se creó la asociación “Amigos de Cetr” y, contra todo pronóstico, se pudieron reunir los recursos básicos para la puesta en marcha del centro y asegurar su funcionamiento. Y así… ¡hasta hoy! La propia dinámica de las actividades, así como la participación en distintos foros, ayudó a aunar complicidades y a que cuajara algún grupo estable de trabajo, como es el de didáctica. Un equipo en el que participan docentes de distintas áreas pedagógicas (también o, especialmente, de religión), de la pública y de la concertada, compartiendo la inquietud por una educación en “hondura”, que propicie el desarrollo interior.  

            En todos estos años, la sociedad no ha dejado de transformarse, planteando nuevos retos educativos; desde la explosión migratoria que pintó las aulas de multiculturalidad, a la presencia de dispositivos móviles en todos los frentes, redes sociales, etc.; un movimiento acelerado de cambio que ha llevado a poner la educación al servicio de aprender a aprender, aprender a ser, a vivir, a convivir, en un mundo tejido desde una pluralidad de cosmovisiones. Un escenario que muestra con toda evidencia que, sea cual sea el campo del saber, de poco sirve partir de presupuestos o de verdades inamovibles; que el arte está en despertar la interrogación, alimentar la curiosidad, facilitar el acceso a recursos y contenidos dignos de ser explorados. Y ante esa complejidad, hemos podido constatar que la diversidad religiosa puede dejar de ser motivo de confrontación y convertirse en ejercicio de conocimiento mutuo, herramienta de reflexión y fundamento de libertad, sin importar la edad. Pequeños, jóvenes y adultos, día a día aprendiendo a ser humanos y participando en la construcción de una sociedad plural. Ese es el anhelo que nos inspira.

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