Bendito humor – MªÁngeles Romero

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Mª Ángeles López Romero

@Papasblandiblup

 

¿Qué? ¿Que no gritaste Jumanji cuando te tomaste las uvas o qué? ¿Que estás esperando a los extraterrestres, que son los únicos que faltan por venir en 2021? Tercera ola, Filomena y sus múltiples e iracundos hermanos, el enjambre de terremotos, la toma del Capitolio… Sí, parecería una mala broma si no fuera porque es cierto. Y, sin embargo, hacer broma de todas y cada una de las calamidades que se van cruzando en nuestro camino desde hace ya un año es seguramente la mejor de las opciones posibles.

Podría decirse que el uso del humor como vía de escape ha sido la tendencia más duradera a lo largo de la pandemia y las sucesivas crisis causadas por el coronavirus. Hemos hecho memes sobre prácticamente todo y ni los asuntos más serios se han librado de ser blanco de las bromas más o menos inteligentes que han circulado por las redes sociales y los teléfonos móviles.

El humor continúa siendo una útil herramienta para afrontar cada una de las pequeñas y grandes crisis que se suman al cansancio psicológico que acumulamos, a los motivos de incertidumbre o la desazón que provoca no terminar de ver la luz al final del túnel.

Estoy segura de que todos recordamos algún video sobre el miedo inicial a ir a hacer la compra al supermercado, sobre la obsesión por el papel higiénico o la necesidad de recrear en casa desde la Feria de Abril de Sevilla hasta las quedadas con amigos. Nos hemos reído de nuestro empeño en hacer demasiadas cosas mientras estábamos encerrados en casa, y justo de lo contrario: el estilo con que algunos se han dedicado a hacer exactamente nada. Mensajes sobre el teletrabajo, el abandono del cuidado corporal, el uso excesivo del chándal, la tensión por tener que compaginar el trabajo con el cuidado de los niños, o la «explotación» de los perros para poder salir a la calle con la excusa de pasearlos en las primeras fases del primer desconfinamiento.

Hasta las buenas noticias, tan magníficas como el inicio de la vacunación y el desarrollo de tratamientos eficaces contra el virus, han servido de materia prima a los talentosos autores de memes y chistes.

Pero ojo con tomarse los memes a broma. Su aparente frivolidad puede esconder cargas de profundidad. Como ya apuntaba en 2018 José Manuel Ruiz Martínez en su estudio Una aproximación retórica a los memes de internet (2018), «los memes están contribuyendo a articular el discurso público en la actualidad, y sirven para conformar y reflejar estados de opinión (…), contribuyen a la discusión política pública».

Sería interesante analizarlos, pues, para detectar en ellos las corrientes sociológicas que subyacen bajo la fina capa del humor compartido a base de clic. Entre otras cosas porque, como escribía Manuel Vicent de forma premonitoria casi un año antes de que nos tomáramos en serio la literalidad del concepto «pandemia», «el meme opera con la misma carga trasmisible y replicable de un gen. Media humanidad lo expande hoy con los móviles a través de tuits, Whatsapps, Facebooks e Instagrams, sin saber que alberga una adicción obsesiva semejante al más potente de los opiáceos».

Sin llegar a ser adictos ni caer en el grave error de no distinguir el buen humor de las peligrosas fakenews, ojalá seamos capaces de seguir tomándonos a broma las distintas calamidades que se van acumulando en el haber del 2021 a tan pocas semanas de haberse estrenado como año. Pero, sobre todo, ojalá no perdamos la sonrisa y, con ella, la esperanza. Dos signos imprescindibles del ser cristiano que confía en Dios Amor.

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