Barrios – Edgar Azpilikueta

Cuando escuchamos el nombre de un barrio, nos pueden venir a la mente estereotipos de muy diversa índole. En nuestras ciudades, hay barrios con solera, barrios jóvenes, barrios envejecidos, barrios pijos, barrios obreros, barrios dormitorio, barrios vivos… Bilbao, la ciudad en la que vivo, es una ciudad que puede considerarse rica. De hecho, uno puede estar paseando por zonas céntricas como Abando o los alrededores de Guggenheim, y pensar que tiene ante sus ojos el súmmum de la prosperidad, la modernidad y el cosmopolitismo. No obstante, si atraviesa las barreras de esa ciudad de cartón-piedra, podrá ver muchas más “Bilbaos”. Puede que un Bilbao más genuino, sin preparar, y quizás más interesante.

Uno de los barrios a los que se puede llegar, es el de San Francisco. Está haciendo frontera con esa ciudad deslumbrante. Quien lo visite solo tendrá que cruzar la playa de vías por el puente de Cantalojas o alguno de los puentes y pasarelas que atraviesa la ría. El visitante se encontrará con un barrio con cierto aire colonial. Recuerda a aquellas ciudades criollas: con cierto abandono y sin participar de la riqueza de esa otra metrópoli opulenta. Y al igual que en otros ejemplos de aquellas ciudades antiguas, llama la atención su riquísima mezcolanza de gentes, olores, vida rebosante, con jóvenes y niños y niñas por las calles, envidia de esa otra ciudad envejecida.

Tristemente, en el barrio surgen en ocasiones algunos problemas de convivencia. Y los medios de difamación, prestos, informan de todo lo que ocurra. Sin omitir detalles escabrosos o morbosos. Si los protagonistas de algún altercado proceden de otros países, que no falte el origen, faltaría más. Huelga decir que no se esfuerzan demasiado en informar de la raíz de los problemas: la situación de pobreza y marginalidad en la que viven muchas de sus gentes, y sus causas. Pero eso no interesa, porque además, exigiría medidas menos visuales y más de fondo, sin el mismo efecto sobre nuestras mentes sugestionables. Además, vivimos en la era de la velocidad y a vistosidad, y la imagen manda. ¿Y qué hay más visual que un coche patrulla?

Dicho esto, a mí, San Francisco es la Bilbao que más me gusta. Un barrio con muchos colores. Un barrio alegre. Un barrio que sobretodo, convive entre gentes muy distintas, de muchos sitios. Un barrio con fuerte espíritu comunitario. Con vecinos y vecinas que luchan por un lugar donde vivir para todas y todos. Un barrio con muchos retos, y muchas organizaciones que trabajan codo con codo por sacarlo adelante.

Hay planes a largo plazo sobre San Francisco. Pero no queda claro si esos planes quieren ayudar a mejorar las vidas de sus habitantes, o más bien desplazarlas a favor de modernillos y hipsters que quieran vivir en un ático decimonónico con aires bohemios. Lo segundo es nuevamente lo vistoso y rápido. Parece que no nos queremos enterar de que los problemas de San Fran no son solo los problemas de San Fran, sino los problemas de una sociedad que quiere vivir con los ojos cerrados a los demás y a su entorno.

Mientras tanto, sus vecinos y vecinas, seguirán haciendo honor al gran santo que da nombre al barrio, y trabajarán sencillamente por una vida libre y alegrías sencillas. Como aquella canción de la película Hermano sol, hermana luna:

If you want your dream to be,
build it slow and surely.
Small beginnings greater ends.
Heartfelt work grows purely.
If you want to live life free,
take your time go slowly.
Do few things but do them well.
Simple joys are holy.
Day by day, stone by stone,
build your secret slowly.
Day by day, you’ll grow, too,
you’ll know heaven’s glory.

Si quieres que tu sueño sea,
constrúyelo lento y seguro.
Pequeños comienzos mayores fines.
El trabajo sincero crece puramente.
Si quieres vivir la vida libre,
tómate tu tiempo, ve despacio.
Haz pocas cosas pero hazlas bien.
Las alegrías simples son santas.
Día a día piedra por piedra
construye tu secreto lentamente.
Día a día, tú también crecerás,
conocerás la gloria del cielo.