BÁLSAMO PARA LAS HERIDAS – Fernando Arriero

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BÁLSAMO PARA LAS HERIDAS

Fernando Arriero

f.arriero.fms@gmail.com

En un contexto social marcado por la COVID-19, la subida de precios que estrangula la economía familiar, la violencia entre bandas juveniles y conflictos bélicos que hieren a Europa salta a la palestra una cruda cuestión: ¿dónde está Dios? ¿Realmente cuida de nosotros?

A pesar de que parece que Dios se oculta, sí nos resulta más fácil reconocer que en todas estas situaciones de gravedad hay miles de persona que cuidan a otros en sus hogares o en hospitales, son cientos de personas que atienden a otros en Servicios Sociales, ONG, fuerzas de protección y seguridad…

Y son precisamente estos miles y miles de gestos de amor, ternura, compasión y cuidado los que nos ayudan a comprender que Dios sigue cuidándonos. Simplemente que Él desea hacerlo por medio de otras manos humanas que Él mismo sostiene y anima.

De hecho, el mismo Jesús, para poder presentar a sus discípulos cómo Él entendía el cuidado compasivo empleó la imagen del buen samaritano. Sin duda, alguna una de las más bellas escenas del Evangelio que no nos dejará indiferentes.

Paso 0. Preparativos

Para este momento de oración compartida necesitaremos crema de manos, de textura y perfume agradables.

Paso 1. Nos reconocemos y nos silenciamos

Comenzamos mirándonos unos a los otros, con cariño, con un gesto de reconocimiento del otro como herman@ de camino.

Posteriormente tomamos más conciencia de nuestra respiración.

Percibimos con nuestros sentidos el aquí y el ahora: la temperatura del lugar, el asiento, la postura corporal, el olor, los sonidos que nos llegan…

Hacemos un acto de fe de sabernos en presencia de Dios Padre, que nos sostiene y cuida en cada momento.

Paso 2. Leemos el texto del evangelio (Lc 10,25-37)

Se levantó un maestro de la ley y dijo, para ponerle a prueba: «Maestro, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?».

Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?».

Respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo».

Le dijo entonces: «Bien has respondido. Haz eso y vivirás».

Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «Y ¿quién es mi prójimo?».

Jesús respondió: «Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de salteadores que, después de despojarle y darle una paliza, se fueron, dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él y, al verle, tuvo compasión. Acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y le montó luego sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al posadero, diciendo: “Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva”. ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?» Él dijo: «El que practicó la misericordia con él». Jesús le dijo: «Vete y haz tú lo mismo.»

Paso 3. ¿Sabías que…? (se puede leer entre todos o individualmente)

Conocer mejor algunos detalles del texto, nos puede ayudar mucho a ver la profundidad y el sentido del mismo. Veamos cuatro apuntes.

  • Jericó y los bandidos

Jericó se halla a unos 30 km. de Jerusalén. Muchos peregrinos que se dirigían al templo de Jerusalén solían hacer como última etapa la distancia que va desde Jericó hasta Jerusalén. Además, Jericó era el hogar de muchos sacerdotes y levitas que servían en el templo de Jerusalén.

Sin embargo, el camino era inseguro pues las cuevas existentes en la zona eran un buen refugio para los salteadores de las caravanas de peregrinos.

  • El sacerdote y el levita

La función del sacerdote se reducía a trabajar durante dos semanas al año en el templo y a asistir a las funciones más solemnes del culto. Durante el resto del año vivían en su pueblo natal trabajando en un oficio. Además, enseñaba la Ley y las primeras letras a los niños del pueblo. El levita, por otro lado, ayudaban en los oficios religiosos del templo de Jerusalén.

Tanto los sacerdotes como los levitas debían mantener una pureza externa para poder ser parte activa de los oficios del templo, por lo que no podían haber tocado sangre o cadáveres. Por eso mismo, no atendieron al malherido. Pusieron los preceptos de la Ley por encima de la compasión.

 

 

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  • El samaritano 

Los samaritanos procedían de Samaria, región al norte de Judea, de donde eran originaros los judíos. Estos consideraban a los samaritanos personas poco religiosas y dignas. Muchos samaritanos se dedicaban al comercio y al transporte de mercancías con otros países, con lo que entraban en contacto con culturas no judías, lo que hacía aumentar el desprecio que los habitantes de Jerusalén sentían por ellos.

El samaritano de la parábola también ve al hombre que había sido asaltado. Pero su actitud es radicalmente distinta a la del sacerdote y el levita. Siente misericordia y le ofrece aquello que está de su mano: no son cosas extraordinarias, pero le cuida y le salva la vida.

  • El hombre herido es Jesús

El texto bíblico no nos explica ningún detalle específico de este personaje, simplemente nos dice que era un hombre. Pero observemos que el texto dice que «lo desnudaron, lo molieron a palos dejándolo medio muerto». Al leer esto, nos damos cuenta de que son las mismas expresiones que se emplean para describir lo que los romanos hicieron con Jesús antes de crucificarle. ¿Y si este hombre malherido es una «imagen» del mismo Jesús?

Paso 4. Escuchamos el Evangelio de nuevo

Lo proclama una persona del grupo.

Paso 5. Momento de silencio

Durante estos minutos, dejamos que el texto nos hable, nos conmueva, nos «inquiete». Además, nos quedamos con una palabra, una pregunta, una frase que resuena en nuestro interior. En este rato de silencio puede ayudar la visualización de este vídeo: https://youtu.be/5DpUQPR5G7o QR Samaritano.png

Paso 6. Símbolo

Por turno, nos dirigimos a la persona que tenemos a nuestra derecha. Tomamos un poco de crema y mientras se la ponemos en las manos, le compartimos nuestra frase/palabra elegida. Se puede también explicar por qué la hemos elegido.

Paso 7. Plegaria final

Jesús, amigo, 

te identificas con aquellos que están malheridos a la orilla del camino,

quiero ser bálsamo para ti, para ellos.

Jesús, amigo,

me animas cada día a mirar con profundidad la realidad para que no sea insensible al dolor ajeno.

Quiero ser bálsamo para los corazones heridos.

Jesús, amigo, 

que mis ideas políticas, religiosas, sociales, filosóficas… nunca apaguen mi compasión para quienes puedan necesitarme.

Quiero ser bálsamo que tú puedas emplear. Aquí estoy para hacer tu voluntad. Amén.

Paso 8. Canción

Si hay tiempo y se desea terminar con una canción, podemos escuchar ¿Quién?, de Luis Guitarra (https://youtu.be/dPGhz0X5PVc) AÑADIR CÓDIGO QR Canción.png

 

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