Arte, Recrear el cuerpo – Silvia Martínez Cano

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Silvia Martínez Cano

http://www.silviamartinezcano.es / @silviamcano

Somos cuerpo. El cuerpo es una realidad de la que no podemos separarnos y solo lo hacemos cuando muere todo nuestro ser. Por tanto, somos cuerpo. Es una realidad biológica que tiene sus leyes específicas de funcionamiento con características propias e individuales que le hacen diferente a otros cuerpos: resistencia, longevidad, belleza, salud, energía, etc. Es una realidad sexuada inevitablemente. Esta se identifica a través de los otros y nos conforma a través de nuestras opciones, comportamientos y relaciones. El cuerpo es un depósito de energía, bajo nuestra piel distintos tejidos y compuestos se acumulan para sustentarnos y a través de nuestras decisiones usamos o abusamos de ellos. También es un organismo inteligente, que tiene capacidad creativa, pues resuelve las complejidades de la interacción con el medio a través de su voluntad, su persistencia, su deseo y su aprendizaje. Somos cuerpo, porque los otros nos reconocen como un cuerpo en un lugar y en un momento concreto. Somos cuerpo en contraste con otros organismos, pues en nosotros es posible la comunicación con Dios además de la comunicación con otros. Somos cuerpo, y es en nuestro cuerpo donde vivimos el dolor, la alegría, el abuso, la violencia, el hambre y el placer. El cuerpo es lugar de bendición y maldición. Es punto de unión y de conflicto, lugar de encuentro y de desencuentro con el mundo y con el cristianismo. Dios Padre-Madre, te doy gracias porque somos cuerpo.

Somos cuerpos necesitados y vulnerables. Tenemos necesidades físicas (respirar, comer, estar limpios, salud, protección, descanso, confort, necesidades sexuales), necesidades relacionales (respeto, pertenencia, aceptación, reconocimiento, identidad personal, sexual y colectiva) y necesidades espirituales (ser felices, ser libres, desarrollar capacidad de discernimiento y empoderamiento, de realizarnos como personas, de trascendernos). Somos cuerpos que necesitan ser cuidados por otros y otras y que encuentran su realización también en cuidar a los que lo necesitan. En nuestra necesidad y en la que acogemos de los otros descubrimos la diversidad de la raza humana, su vulnerabilidad y nuestro ser-con-otros. Nos buscamos, trazamos vínculos de cuidado y de ternura que sostienen la vida de los más débiles y hacen compasivos a los menos sensibles. Dios Padre-Madre, te doy gracias porque somos cuerpos vulnerables.

Somos cuerpos sabios, pues guardamos en cada célula la memoria de nuestra vida. El cuerpo es registro de nuestra historia personal y sociocultural: cuerpo y cultura, cuerpo y género, cuerpo y transformaciones. El cuerpo nos habla, tiene su propio lenguaje, requiere tiempo para aprenderlo y escucharle. La experiencia que acumula nos aconseja, nos susurra y nos hace meditar la integridad del cuerpo. Descubrimos en nuestro cuerpo la sabiduría transformadora y creadora de Dios. Dios se nos revela en nuestro cuerpo en forma de gestos de amor, de compasión o de rabia por el otro, nos muestra la verdad de nuestra debilidad en la que Dios nos abraza. Y nosotros nos revelamos en Dios, en cada gesto, expresión, tono de voz, contorneo, etc. También en la salud y la enfermedad, las somatizaciones y las ansiedades, las esperanzas y las obsesiones. Somos cuerpos sabios que manifiestan nuestra fe, como revelación de tu presencia o ausencia, porque nuestros valores, deseos, proyectos se hacen verdad cuando pasan por el cuerpo, se hacen cuerpo y salen hacia los demás a través del cuerpo. Dios Padre-Madre, te doy gracias porque somos cuerpos sabios.

Somos cuerpos en relación. Construimos una relación con nuestro cuerpo donde las expectativas culturales, los prejuicios sexuales, raciales, ideológicos van configurando nuestra imagen corporal. A veces el cuerpo es un amigo o amiga que se acepta y cuida, otras veces es una máquina que se trata como un objeto útil, otras veces es un enemigo que controlar o combatir o un desconocido con el que no me entiendo o un Dios al que adulo. Somos cuerpos en relación que quedamos marcados de por vida en función de cómo nos relacionemos con él. Para cambiar los aprendizajes corporales vitales necesitamos mucho tiempo y un proceso lento y sanador que nos lleve a una sana relación con el cuerpo. También somos cuerpos en comunicación con otros y a través del lenguaje del cuerpo manifestamos nuestras relaciones igualitarias o discriminatorias, aquellas que revelan la negación del derecho a existir de otros y aquellas que hacen espacios de convivencia para fortalecer las vidas diferentes. Muestra si queremos dominar o servir al otro. Muestra nuestro afán de control sobre el otro o nuestra capacidad de dar alas a los demás. Muestra las consecuencias del odio o las de la sanación. Dios Padre-Madre, te doy gracias porque somos cuerpos en relación.

No somos alma y carne, como si lo corporal fuera un soporte para albergar al alma, lo más importante de la persona. No somos dualidad desequilibrada, un cuerpo que se soporta como un mal menor, una obligación desagradable que nos acompaña toda la vida. No somos una dualidad que espera la muerte para ser liberados de este mundo. Somos cuerpos con capacidad de Dios, pues todo lo que somos se orienta hacia Él, le busca y desea su presencia. Dios Padre-Madre, te doy gracias porque somos cuerpos unificados, capaces de Ti, capaces del Amor.

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