Apuntes sobre el joven obediente y adaptado
Los procesos educativos y formativos en Latinoamérica para el siglo XXI están evolucionando y replanteándose a partir de los desafíos culturales y sociales que experimentamos en la actualidad. Han surgido experiencias alternativas y experimentales que buscan abrir nuevos caminos que están respondiendo a las necesidades y búsquedas de las nuevas generaciones. Sin embargo, persisten modelos educativos y pastorales obsoletos que refuerzan la pasividad del joven estudiante y el autoritarismo del formador o educador. Aún quedan rezagos de lo que Paulo Freire denomino “La educación bancaria” que sigue siendo reflejo de una sociedad opresora y una cultura del silencio. Por eso, ocurre en este modelo que:
- El educador es siempre el que educa, el educando el que es educado.
- El educador es el que sabe; los educandos los que no saben.
- El educador es quien habla; lo educandos los que escuchan dócilmente.
- El educador es el sujeto del proceso; los educandos, meros objetos
- El educador escoge los contenidos programáticos; los educandos se acomodan y memorizan.
Aunque es difícil encontrar una propuesta educativa plenamente bancaria, si identificamos en las estructuras formativas en colegios, espacios pastorales, clases de catequesis o formación de seminarios y vida religiosa, algunos casos que quieren afirmar “que todo tiempo pasado fue mejor” y están instruyendo jóvenes obedientes con enfoques y métodos arcaicos para un mundo que ya no existe.
El rol del educador en este modelo bancario es dar, entregar, llevar, trasmitir su saber a los menores de edad, quienes van asumiendo su rol obediente de depósitos o recipientes del conocimiento afectando el desarrollo de su conciencia crítica y la inserción en el mundo actual. No es lo mismo enseñar a memorizar un texto, unas oraciones, una doctrina a motivar la imaginación, el pensamiento creativo, el análisis crítico de la realidad, las habilidades para el manejo de las emociones y los conflictos, la sensibilidad por el cuidado de la Madre Tierra y el trabajo cooperativo y la sinodalidad.
En carta a quien pretenda enseñar, el maestro Freire nos comparte su pensamiento visionario acerca de estos asuntos enfatizando que educar es siempre un acto político que debe transformar el orden de opresión impuesto en nuestras sociedades que engendra y perpetua la miseria y pobreza. Y propone en una de sus 10 cartas que es necesario pasar de: Hablarle al educando a hablar con él. Esto quiere decir que hay momentos en los que la maestra, como autoridad, le habla al educando, dice lo que debe ser hecho, establece límites sin los cuales la propia libertad del educando se pierde en la permisividad, pero estos momentos se alternan, según la opción política de la educadora, con otros en los que ella habla con el educando, lo escucha, lo acompaña, le permite expresar sus ideas, sus sentimientos frente el aprendizaje. Se establece un vínculo que puede marcar la vida de ambos.
¿No será, esta falta de escucha a los jóvenes con un modelo educativo obsoleto y mercantilista el detonante de sus protestas y movilizaciones?
¿Son los jóvenes valorados como ciudadanos que tienen propuestas para superar los conflictos políticos y sociales?
¿La iglesia esta dando testimonio de escucha, participación y acompañamiento a los jóvenes que confronte las otras instituciones sociales?
Ser una sociedad marcadamente autoritaria, con fuerte tradición mandona, con inequívoca inexperiencia democrática enraizada en nuestra historia, puede explicar nuestra ambigüedad frente a la libertad y la autoridad. Desde los procesos formativos, se puede hacer la diferencia y formar personas creativas y propositivas. Se necesita replantear la concepción y la pedagogía formativa para transformar las realidades.
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