APRENDER A LLORAR, UNA NUEVA TAREA – Esteban De Vega

El Papa Francisco nos ha regalado recientemente una preciosa Exhortación, dirigida especialmente a los jóvenes, pero válida para toda la Iglesia. En ella, dices a los jóvenes: “Quizás aquellos que llevamos una vida más o menos sin necesidades no sabemos llorar. Ciertas realidades de la vida solamente se ven con los ojos limpios por las lágrimas. Los invito a que cada uno se pregunte: ¿Yo aprendí a llorar? […] ¿O mi llanto es el llanto caprichoso de aquel que llora porque le gustaría tener algo más? […] Cuando sepas llorar, entonces sí serás capaz de hacer algo de corazón por los demás” (Christus vivit, 76). Son palabras directas, a las que quizá algún comentario no haría más que enturbiar.

Me parece muy valiente que se puedan decir estas palabras en un mundo donde se utiliza constantemente la imagen del joven sonriente, bien vestido, complacido y complaciente. Creo que merece la pena invitar a los jóvenes a aprender a llorar, a dirigir la mirada más allá del propio ombligo para descubrir que otros nos necesitan, que no todo gira en torno a uno mismo, que la indiferencia es lo peor que nos puede pasar. No sólo merece la pena: es señal de confianza, capacidad de empatía, aprecio real. Un anciano, el Papa Francisco,  sabe hablar al corazón de los jóvenes y dirige un mensaje muy diferente de aquel al que estamos acostumbrados, como lo hacía Jesús. Ojalá estas palabras lleguen realmente a los oídos de los jóvenes. De nosotros depende.