ANUNCIAR LO DE SIEMPRE COMO NUNCA ANTES – Óscar Alonso

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«Jesús dijo a sus apóstoles: “Id y retwitteadme por ahí”, por eso eligió pescadores, es decir, expertos en redes»

El lenguaje es un instrumento básico para los seres humanos. Se basa en la capacidad de los seres humanos para comunicarnos por medio de signos. Somos capaces de utilizar el lenguaje, comunicar ideas y representar el mundo. El universo juvenil es una escuela sin fronteras para el tema del lenguaje y de los nuevos lenguajes. En dicho universo se dan cita, se condensan, se amplifican, se simplifican, se encriptan… todo tipo de lenguajes. Y si hablamos de evangelización y de jóvenes, el lenguaje no es ni mucho menos una cuestión baladí. Hay personas que dicen que lo de siempre, siempre vale. Que el lenguaje religioso, teológico, litúrgico no pasa de moda, que hay que seguir usándolo, aunque no se entienda, que ¡ya lo entenderán! Lo que ocurre es que perdemos muchas oportunidades cuando pensamos así y el tiempo pasa y llega un momento que la desconexión es total. Es decir, sucede todo lo contrario a lo que es la principal función del lenguaje, que es unir, tender puentes, comunicar, relacionar, soñar y proyectar juntos.

Podemos decir que evangelizar es fundamentalmente usar todo tipo de lenguajes para anunciar la Buena Nueva. Sin lenguaje y sin lenguajes sería imposible llevar adelante la evangelización. La pregunta que nos surge es si cualquier lenguaje es válido en este momento para evangelizar. Si los lenguajes hasta ahora usados en la evangelización sirven para evangelizar hoy a los jóvenes. Jóvenes encorvados sobre sí mismos, acompañados diaria y continuadamente de su dispositivo móvil, dispositivo en el que depositan toda su confianza, mucha de su sabiduría y todo tipo de aplicaciones para las cuestiones más inverosímiles. Dispositivos que son verdaderamente memoria in itinere.

Pretender evangelizar a un joven actual con los lenguajes de hace años se advierte como una tarea ciertamente absurda, poco eficaz y nada efectiva. Todo cambia. También el lenguaje y los lenguajes. Necesitamos un cambio radical de nuestro modo de anunciar, comunicar y evangelizar a los jóvenes. No porque los lenguajes de antes no fueran buenos y válidos, sino porque los jóvenes de hoy son hijas e hijos de su tiempo, y en este tiempo el lenguaje más usado no es precisamente el de los textos teológicos y litúrgicos, preciosos e intensos, pero alejados del imaginario general, ¡no solo de los jóvenes por cierto!

Necesitamos nuevos lenguajes. El reto de la evangelización y de la pastoral juvenil es transmitir el Evangelio a los jóvenes de hoy. Transmitir una buena noticia en un mundo en el que, diariamente, de modo constante y sin descanso, los jóvenes reciben un sinfín de buenas noticias más atractivas que las nuestras, especialmente a través de los medios de comunicación. Los evangelizadores debemos plantearnos si hablamos el mismo lenguaje que los jóvenes, y si utilizamos el mismo medio, o los medios, que utilizan ellos.

En nuestros contextos cada vez es más costoso hablar de Evangelio y del proyecto de vida que este propone, no porque la juventud no esté interesada en ello, sino porque lo hacemos desde un lugar en el que ellos no están, con un lenguaje que no comprenden y desde unas premisas que ellos no tienen. Realmente estamos en un cambio de época, instalados en el cambio constantemente, llamados a una nueva y primera evangelización en un contexto en el que la incultura religiosa es lo normal y lo común. Como afirma el salesiano Francisco Javier Valiente: «Se precisa pasar de un lenguaje teológico, que entendían quienes vivían en una cultura homogénea y en la que el hecho cristiano era incontestable, a un lenguaje de la cultura audiovisual y digital, siempre al servicio del mensaje del evangelio. Constatamos que, en muchos casos, no se entiende el lenguaje teológico o el ritual, e incluso el lenguaje arquitectónico. Y no quiere decir que no haya que utilizar estos lenguajes, sino que habrá que ir educando para que aquellos lenguajes sean comprensibles, y habrá que ir hablando otros lenguajes para acercarnos a la gente, especialmente al mundo juvenil».

El papa Francisco, desde el inicio de su pontificado, estableció una agenda de prioridades entre las que se encuentra la renovación del lenguaje: «La misión es siempre idéntica, pero la Iglesia debe renovar con «coraje, creatividad y decisión» los lenguajes para saber comunicar el Evangelio al hombre de hoy». El papa Francisco pide renovar el lenguaje con el cual anunciar el Evangelio, pero renovarlo con sabiduría pastoral: «Son tiempos de grandes desafíos, que debemos asumir sin temores. Solo en la medida en que los asumamos, seremos capaces de ofrecer respuestas coherentes, elaboradas a la luz de Evangelio. Es lo que los hombres de hoy esperan de la Iglesia».

 

El papa Francisco exhorta a que el lenguaje de la evangelización sea transparente y sencillo. Nos invita a abandonar los lugares comunes. Y nos recuerda que ese lenguaje sencillo surge cuando se dan determinadas actitudes personales: transparencia, sencillez, sinceridad, humildad, que se expresan también en las palabras. Lenguaje claro y actitudes sencillas, son condiciones de toda buena comunicación, también de la comunicación de la fe.

Y hay lenguajes que todo el mundo entiende: el lenguaje de la acogida, de lo gratuito, del cariño, del respeto, del estar cerca de, de la solidaridad, de la alegría… lenguajes que debemos conjugar en la pastoral juvenil continuamente. Lenguajes que deben llevar a conocer y experimentar otro tipo de lenguajes: el lenguaje de la Providencia, de la oración, del silencio, del sacrificio, del servicio, de la entrega desinteresada, de la vocación a la vida, de la cruz, de la verdadera alegría, del amor sin límites, del acompañamiento. Lenguajes que quizás en nuestra cultura son susceptibles de resultar sospechosos: ¿Gratis? ¿Incondicional? ¿Por puro amor? ¿Para todos? ¿Cuándo lo necesite? ¿Sin intereses? Lenguajes propios de la pastoral juvenil que tiene claros sus objetivos. Lenguajes que nos recuerdan e instan a traducir sin traicionar, a predicar sin regañar, ni adoctrinar, ni dogmatizar, a invitar sin contrapartidas, a celebrar sin olvidar lo esencial, a cuestionar y sugerir sin dirigir. Lenguajes siempre jóvenes. Lenguajes que van más allá de las técnicas, las palabras y los medios. Lenguajes de vida y esperanza para todos. Lenguajes para anunciar lo de siempre como nunca antes.

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