Adviento 2º domingo, Saber dejar sitio – Iñaki Otano

Así empieza este texto: Comienza el Evangelio de Jesucristo… La palabra evangelio significa buena noticia. Todo lo que Jesús nos comunica, con su palabra y con su vida, es una buena noticia. Dice a sus discípulos  que cuanto nos ha dicho ha sido para que tengamos una alegría plena. Jesús mismo, su persona, es una buena noticia y nos trae una muy buena noticia: que Dios te quiere, que desea que seas feliz y que procures hacer felices a los demás. Dios te quiere, sufre contigo cuando tú sufres y se alegra contigo cuando tú te alegras.

            Los contemporáneos de Jesús veían una diferencia entre Juan Bautista y Jesús. En Juan Bautista veían que era muy buena persona, muy austero, exigente consigo mismo, y recordaba a la gente que eran pecadores, que tenían que convertirse y bautizarse para ser perdonados. Pero el propio Juan Bautista reconoce que él no hace más que dejar sitio a otro más grande que él, que es Jesús.

            La persona y el modo de proceder de Jesús desbordaba la mentalidad de Juan, sin desautorizarla. Jesús acogía a los pecadores y comía con ellos. No le importaban las críticas de los considerados buenos, los cuales despreciaban a quienes no eran como ellos. Jesús les hace ver que ha venido para todos y que para él nadie está perdido. Siente, además, como propios los problemas de la gente; por eso, consuela, cura, defiende al pobre, busca la felicidad para todos.

            La tentación del Bautista era aferrarse a lo que ya dominaba e ignorar lo nuevo que llegaba. Se precisa de su humildad para perder protagonismo y dejar paso al que viene. Demasiadas heridas se producen por no reconocer en la práctica que el tiempo pasa y cambian las circunstancias, los contextos, las exigencias del momento, la necesidad de personas distintas. Hay que saber dejar paso como Juan Bautista: detrás de mí viene el que puede más que yo

Esté en primer plano o en segundo, el Bautista sabe que tiene que preparar el camino al que viene, allanar sus senderos. Es un mensaje para todo seguidor de Jesús: facilitar los caminos, ayudar a las personas a encontrar la senda que conduce a una vida mejor, a esperar al auténtico Salvador. Sin ser necesariamente superfigura, se puede discretamente tender puentes, allanar dificultades, acoger amablemente, unirse en la superación de escollos, ayudar y orar por los que tienen que pasar por caminos empedrados…

Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios,

            Está escrito en el profeta Isaías: “Yo envío mi mensajero delante de ti / para que te prepare el camino. /  Una voz grita en el desierto: / Preparadle al camino al Señor, / allanad sus senderos”.

            Juan bautizaba en el desierto: predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les personasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba: “Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero Él os bautizará con Espíritu Santo”.  (Mc 1,-8)

 

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