ACOMPAÑAR: COCINAR A FUEGO LENTO, EN UN MUNDO ACELERADO – Juan Carlos de la Riva

Vivimos en un tiempo muy rápido, y nos hemos hecho rápidos. Todo lo queremos para ya. Las pantallas y nuestro nuevo mundo de internet nos están continuamente provocando en esta dirección de conseguir todo al alcance de un solo clic. Grave riesgo de pensar que todo en la vida se gestiona de la misma manera que lo hace un procesador de silicio.

Porque… ¿cuánto tiempo cuesta prepararse para vivir? ¿Cuántas llamadas desoímos y a lo largo de cuántos años, hasta que por fin nuestro corazón está preparado para abrirse al amor de entrega? O permitidme una comparación más culinaria… ¿preferimos la comida rápida o el buen guiso cocinado a fuego lento? ¿Qué convierte a un joven probador de experiencias en un llamado y dado por aludido, consciente de que el “más” que le llama, es lo que le hacía tanta falta?

Démonos tiempo. Vayamos a lo esencial. Y lo esencial es germinal. Sabe de esperas y de inviernos. También de calores húmedos que por fin rompen la semilla. Permitidme estar seguro de que, de esto, sabéis bastante cuantos os acercáis a estas líneas. No dudéis de que lo esencial sigue siendo lento. No os agobiéis por la velocidad de los medios: los procesos siguen siendo personales, amasados en el día a día de cada búsqueda, de cada fracaso, de cada nueva esperanza.

Permitidme remedar algunas frases de Joan Doménech Franchesc en su libro “Elogio de la educación lenta”, que recomiendo vivamente. Cambiando educación por evangelización, algunos de los principios que él plantea quedarían así:

La evangelización es una actividad lenta.

En evangelización, menos es más.

La evangelización es un proceso cualitativo.

Cada joven –y cada persona- necesita un tiempo específico para aprender.

Cada aprendizaje tiene que realizarse en el momento oportuno.

La evangelización necesita tiempo sin tiempo.

En definitiva, no creamos en una evangelización de golpes de efecto, de deslumbramientos y malabares. Hay que pasar noches pescando junto al otro, para descubrir juntos el gran banco de peces. Hay que sentarse a la mesa de los pecadores como lo que somos, uno más, y dialogar y compartir sin reloj. Hay que escrutar el momento oportuno (“salirle al joven a la encrucijada” decía mucho el que salió a la mía) y percibir cómo cada palabra resuena en ese diferente joven que te ha perdido el miedo porque hueles a verdad. Hay que seguir aportando cualidad, y no cantidad, pues una sola palabra, o mejor el silencio que le antecede y le precede, valen más que mucho texto.

Por eso, porque creemos en la evangelización “a fuego lento”, apostamos por acompañar procesos. Y por hacerlo con todas las herramientas a nuestro alcance. Algunas de estas mediaciones nos vienen acompañando desde hace tiempo, muchísimo. Otras son más nuevas y requieren un cierto aprendizaje técnico. Pero en cualquier caso, la clave común es la de “estar junto a”, a la escucha, con la actitud de acogida, con la palabra que acaricia pero también pellizca, con el gesto que acepta incondicionalmente, pero espera también incondicionalmente.

Vamos a repasar algunas de ellas:

El grupo: sí, el de toda la vida. El que prepara su mochila con el estío, y reúne en torno al fuego en el invierno. Una comunicación de calidad es la clave para saberse acompañado. El grupo que lo consiga no será abandonado, aunque vengan los sacramentos con su sensación de “estación termini”. Allá donde el joven sea escuchado y valorado, allá donde el joven sienta el asombro del templo espiritual que es el corazón del amigo/a o hermano/a, allá donde el joven descubre que las doctrinas se convierten en verdades practicadas, allá habrá un hogar definitivo para el joven. Preocupados por el aguante de nuestros grupos, preguntémonos si de verdad “acompañan”.

La entrevista personal: el tú a tú. Sin miedo a dejar caer preguntas como piedras y agradecimientos como caricias. Sin reloj que ponga prisas, ni calendarios que marquen metas para un camino que necesariamente tiene que ser lento. Mucho hemos ido aprendiendo en esto de los grandes expertos en couseling. Pero más hemos aprendido de nuestro quehacer diario. El joven que se sienta escuchado y animado a afrontar su propia verdad, ese tampoco se alejará mucho.

El acompañamiento ambiental, comunitario: ese ecosistema donde cristianos de diferentes edades, estilos personales y vocaciones llenan de vida templos, asambleas, carteleras, páginas web, grupos de wasap y todo lo que haga falta. Un lugar amable y alegre. Una parroquia que huele a vida, o un colegio que es sobre todo una casa. O un proyecto solidario que es también comunidad. Laboratorios de Reino donde probar el sabor de la hermandad.

Las “experiencias acompañadas”: esos momentos que marcan un antes y un después en la vida del joven, y que necesitan ser iluminados por la palabra. Puede ser un verano en India o puede ser un día entre musulmanes, pero siempre hay un acompañante que no deja que se convierta en foto de postureo, sino que señala el reino germinal que puede enamorar el corazón del joven como proyecto de vida.

Las herramientas de aquietamiento: el silencio necesario para que la pregunta surja sola, y el creador hable con su criatura. Un silencio que, para que haga camino, tiene que simbolizarse y expresarse en palabras para la oreja inmensa del acompañante. Focusing, mindfulness, lectio divina, una buena peli o una sencilla canción, pueden despertar un proceso susceptible de ser nombrado y acompañado.

Los nuevos modos de acompañarnos en la red: comunidades virtuales que atraviesan fronteras y cruzan océanos, pero que se hacen referencias habituales y concretan con precisión la conexión espiritual necesaria que desde siempre hemos anunciado en la iglesia comunión. Desde el grupo de whatsapp, Facebook, twitter, instagran y los que vengan, que no sustituyen el abrazo sino que lo apoyan. También aquí RPJ quiere actualizarse y acompañar también digitalmente a los que formamos esta comunidad de evangelizadores jóvenes con los jóvenes.

Y todo esto para que, poco a poco, imperceptiblemente, como el grano de mostaza se convierte en árbol, también el joven se convierta en Reino donde aniden pájaros y el caminante encuentre sombra. Procesos lentos pero firmes.

RPJ quiere apostar por acompañar, como lo hace toda la Iglesia, y por eso en este número encontrarás:

Una valiosa reflexión del equipo de contenidos de Escuela de Pastoral con Jóvenes titulado “El acompañamiento en la pastoral con jóvenes”.

Una iluminación bíblica en forma de entrevista a Marta García Fernández, HNSC, invitándonos a descubrir al Jesús compañero.

Unas conclusiones breves pero con enjundia, fruto del trabajo de 400 agentes de pastoral, la inmensa mayoría jóvenes.

Unos testimonios de acompañantes y acompañados.

Gracias a los que participasteis en este encuentro y sumasteis vida, y gracias a los que nos acompañáis desde la lectura de estas páginas: sigamos acompañándonos como Jesús nos acompaña. 

Newsletter

Recibirás un correo con los artículos más interesantes cada mes.
Sin compromiso y gratuito, cuando quieras puedes borrar la suscripción.

últimos artículos

Y eso de discernir en comunidad – Jorge Sierra

Y eso de discernir en comunidad – Jorge Sierra

Descarga el pdf del artículo RPJ nº 538 - Discernir en comunidad - Jorge Sierra Lo reconozco. A pesar de llevar años viviendo en comunidad, no se puede decir que tenga una gran experiencia en discernimiento comunitario. No en intentar discernir reunidos en comunidad,...

Por el mundo, sin miedo – Carlos Galán Moreu

Por el mundo, sin miedo – Carlos Galán Moreu

Hoy damos la palabra a Carlos Galán Moreu, CSsR. Así se presenta: «Mi nombre es Carlos y soy misionero redentorista y sacerdote. Nací en Granada hace ya 31 años. Como religioso he pasado por varias ciudades de nuestro país y del extranjero, pero ahora vivo en Valencia...