ABRIR LA MENTE, ENSANCHAR EL CORAZÓN – Edgar, Roser e Iñaki

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Iñaki Serrano

 inakiserrano@itakaescolapios.org

¿Qué te ha aportado vivir la experiencia del sínodo en Salamanca?

Vivir el sínodo en Salamanca ha supuesto varias cosas para mi vida. Una de ellas ha sido tener una gran experiencia de Dios gracias a lo que estuvimos haciendo, a la oración diaria, al entusiasmo de todos los jóvenes que allí estuvimos, al esfuerzo de parte de la Iglesia por querer escuchar nuestras propuestas, etc.  También supuso un «ampliar la mirada» a lo que me rodea, a las distintas sensibilidades religiosas, realidades y a las formas de llevar a Jesús en mi día a día. Por último, entusiasmo por saber que los jóvenes remamos en la misma dirección y soñamos con la Iglesia que hacemos cada día.

¿Qué le dices a la Iglesia hoy?

A la Iglesia, a todos los cristianos y cristianas, les doy gracias por darnos a los jóvenes esta oportunidad y derecho de hacer valer nuestra opinión. También recalcaría un sentimiento que nos unió a los que pudimos estar en el sínodo de Salamanca: que todos nos sentimos partícipes de ella, con independencia de nuestros gustos, cualidades o razas, y que creemos en esta Iglesia transformadora, llena de vida.

¿Qué expectativas te ha generado el sínodo respecto de la relación jóvenes e Iglesia?

Creo que va a suponer un punto de inflexión ante el estereotipo de «Iglesia chapada a la antigua» que prevalece entre los jóvenes, pues se está movilizando a los cristianos y cristianas del mundo entero por conocer nuestra opinión. Me parece que puede acercarnos más a esa Iglesia tradicional, sin olvidar que la Iglesia la formamos entre todos, y que en ella habrá tantas pluralidades como personas que sigamos las huellas de Jesús.

 

Roser Tarrida

roser.tarrida@santantoni.epiaedu.cat

¿Qué te ha aportado vivir la experiencia del sínodo en Salamanca?

El sínodo en Salamanca ha sido una experiencia muy enriquecedora y bonita. Me ha aportado sobre todo la posibilidad de compartir y conocer diferentes opiniones, maneras de hacer y de vivir la fe. Me ha dado la oportunidad de trabajar con otros jóvenes y transmitir juntos el cambio que queremos dentro de la Iglesia. Entre todos se creó un clima de confianza donde todos nos dábamos a conocer, ya sea dando nuestra opinión sobre los temas de encima la mesa o en la convivencia. Creo que lo que más me ha aportado el sínodo es que enseñamos aprendiendo.

¿Qué le dices a la Iglesia hoy?

A la Iglesia de hoy le digo que son tiempos de cambio y de (re)evolución. Los jóvenes de hoy somos la revolución dentro de la Iglesia para poder llegar a una evolución. Pedimos una Iglesia innovadora, abierta y donde los jóvenes podamos tener un papel importante.

¿Qué expectativas te ha generado el sínodo respecto de la relación jóvenes e Iglesia?

Los jóvenes ya hemos hablado entre nosotros y hemos propuesto nuestras ideas y visiones para una nueva Iglesia en este sínodo. No sabemos qué pasará con ello, pero tenemos nuestra fe en que seremos escuchados y haremos posible una Iglesia para todos donde se hayan recortado las distancias con los jóvenes. En mi opinión, el simple hecho de haber podido participar dentro del sínodo y que nos hayan dado la oportunidad de ser escuchados ya es tener mucho ganado.

Edgar Azpilikueta

edgarazpilikueta@itakaescolapios.org

¿Qué te ha aportado vivir la experiencia del sínodo en Salamanca?

Para mí, uno de los mayores tesoros ha sido el del diálogo. Hemos hablado entre gente muy diversa, y nos hemos escuchado. Esto, que parece tan simple, a mí me parece todo un reto, ya que no es fácil. Además, yo creo que el diálogo es menos frecuente de lo que nos pensamos, de modo que crear espacios así, nos pone en posición de vanguardia. La Iglesia es espacio para la escucha activa y el respeto.

 

¿Qué le dices a la Iglesia hoy?

A la Iglesia le diría que tome conciencia de su diversidad, y que desde esta diversidad todos y todas podemos aportar sin barreras; que no se pongan obstáculos para la participación y el co-liderazgo. Mujeres, hombres, jóvenes, mayores, laicos, religiosos… Debemos evitar, desde la Iglesia, actitudes de exclusión y juicios, y centrarnos en el servicio, que es la raíz cristiana. Y a los jóvenes les diría que no podemos olvidar que somos también parte de esa Iglesia a la que nos dirigimos. Que nosotras y nosotros también construimos Iglesia y somos corresponsables de lo que pedimos. Para ello, en el camino no debemos dejar de recurrir a la oración y el compartir entre nosotros para descubrir a lo que Dios nos invita.

 

¿Qué expectativas te ha generado el sínodo respecto de la relación jóvenes e Iglesia?

Me ha reafirmado para creer que esto de construir el Reino de Dios desde el Evangelio, tiene futuro, porque hay muchos chicos y chicas convencidas y que se mueven y están dispuestas a comprometerse para que salga adelante. Y me ayuda a creer que yo mismo, puede ser uno de ellos.

Además, hemos demostrado que los jóvenes de Iglesia podemos hacer ese ejercicio de diálogo en la diferencia, gracias a lo que nos une: Jesús. Conectados a Jesús y a la Iglesia, podemos trabajar por el Reino de muy diferentes maneras.

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