La fermentación de las experiencias y sentimientos que dañan nuestra vida – Fernando Negro

Fernando Negro

No hay mayor tortura que la del silencio. No hay vacío más abismal que el de querer evitar el contacto sereno y sincero con nuestro ser real. En ambos casos el resultado es la náusea y el sinsentido, el cansancio y la depresión.

Hay experiencias que hemos vivido y que todavía no han sido apropiadas e integradas dentro del ser real. Las vivimos quizá desde la obligación moral, muchas veces impuesta por personas significativas que, por más que nos quisieran o amaran, no supieron hacerlo, no tuvieron el don didáctico para enseñarnos a hacerlas plenamente nuestras.

Ésta es la razón por la que, mirando atrás, a veces, no encontramos nada referencial, apenas leves recuerdos, que causen en nosotros alegría de vivir. Es que no hemos vivido, sino que hemos almacenado experiencias como quien guarda ropa sucia en el baúl de los recuerdos: al final el sudor comienza a fermentar, y el mal olor se apodera no solamente del baúl sino de toda la habitación.

La oración nos ayuda a procesar todo lo humano, en contacto con lo divino. En ese encuentro comenzamos a vivir en plenitud, con la cabeza erguida y con un sentido de seguridad y de autoestima que nace del sabernos amados incondicionalmente por Dios. El Dios de Jesucristo es el que opera de esta menara en nosotr0s. Veamos un ejemplo tomado del evangelio. Dios trabaja constantemente para que vivamos integrados, armonizados y felices:

“Enseñaba Jesús en una sinagoga en el día de reposo; y había allí una mujer que desde hacía dieciocho años

tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y de ninguna manera se podía enderezar.

Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad. Y puso las manos sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios.

Pero el principal de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiese sanado en el día de reposo, dijo a la gente: Seis días hay en que se debe trabajar; en estos, pues, venid y sed sanados, y no en día de reposo.

Entonces el Señor le respondió y dijo: ‘Hipócrita, cada uno de vosotros ¿no desata en el día de reposo su buey o su asno del pesebre y lo lleva a beber? Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo?’

Al decir él estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios; pero todo el pueblo se regocijaba por todas las cosas gloriosas hechas por él”.21

Vemos cómo Jesús, sin que se lo pida aquella mujer encorvada, la llama para que quede liberada del peso de una enfermedad que claramente aparece como psico-espiritual, con síntomas somatizados. Es interesante lo que al final dice Jesús: “Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo?”.

  • Lucas 13:10-17

El deseo de Jesús es que tengamos vida en abundancia.22 Había un Padre de la Iglesia23 llamado Ireneo de Lyon que enseñaba que “La gloria de Dios es el hombre vivo; la vida del hombre es contemplar a Dios”.24

No debemos dejar que se pudran las emociones ni los pensamientos. De lo contrario sólo despediremos desesperación y odio. Deberíamos aprender a orar como lo hacía Teresa de Calcuta (1910-1997):

Dios mío,

Guíame de la muerte a la vida, de la mentira a la verdad,

de la desesperación a la esperanza, del miedo a la confianza;

Guíame del odio al amor,

De la guerra a la paz. Amén