Descubrir al Dios sencillo que está en un rincón de mi corazón – Fernando Negro

Fernando Negro

“Cierto día, Dios estaba cansado de las personas.

Ellas estaban siempre molestándolo, pidiéndole cosas. Entonces dijo: “Voy a irme y a esconderme por un tiempo.”

Así fue que reunió a sus consejeros y dijo: “¿Dónde debo esconderme?”

Algunos dijeron: “Escóndete en la cima de la montaña más alta de la tierra.”

Otros: “No, escóndete en el fondo del mar. No van a hallarte nunca allí.”

Otros: “No, escóndete al otro lado de la Luna ¿Cómo te hallarían allí?

Entonces Dios se volvió hacia el más inteligente y, sonriendo, respondió: “¡Escóndete en el corazón humano! ¡Es el único lugar adonde no van nunca!”. 18

El grupo musical Mecano19 tiene una hermosa canción de amor, con tintes de postmodernismo en búsqueda amorosa, que nos da la clave de lo que queremos expresar en este apartado: Dios escondido, ahí, en un rincón del corazón.

“Te busqué debajo del colchón y en el polvo de la habitación, te busqué con un ordenador

y con la antena del televisor. Te busqué por toda la ciudad y en el pozo de la soledad,

te busqué en los ojos del dolor

  • Tony de Mello fue un jesuita indio (1934-1987), psicoterapeuta, director espiritual y autor de muchos libros de espiritualidad y liberación interior.
  • Grupo español de musical pop que estivo activo desde el año 1981 a 1992, con una breve reaparición fugaz el año 1998.

y en los ojos de la diversión.

Te busqué en el corazón

y allí estabas tú en un rincón, te busqué en el corazón

y en silencio oí tu voz.

Te busque en el oro y el placer y en el cuerpo de alguna mujer,

te busqué en las drogas y el alcohol y en los vicios y en la corrupción.

Te busqué en los templos de oración y en los libros que hablan del amor, te busqué por toda la ciudad

y en el pozo de la soledad.”

Siempre que escucho esta canción me acuerdo de la experiencia del gran buscador de la Verdad con mayúsculas, San Agustín (354- 430). Buscaba en vano la verdad fuera de sí mismo. Se vio seducido por la vida disoluta de Cartago, se vio enredado en una

relación banal y tuvo un hijo con una mujer de vida fácil. Su carácter orgulloso y creído, sumado a un deseo de claridad, buscado en filosofías que le iban apartando de su consistencia interior, le despistó                              y              quedó intelectualmente intoxicado.

Cuando Agustín finalmente encuentra que la Verdad es Cristo Jesús, que manifiesta a un Padre lleno de Amor y de Misericordia, escribió en el libro de las Confesiones:

“¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían. Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseé con ansia la paz que procede de ti.”

Hoy se vuelve a repetir la historia en nuestra sociedad postmoderna, donde la verdad se nos vende fragmentada en revistas de moda, en anuncios sin sustancia que nos ofrecen la libertad y el amor, pero dentro no hay nada. Vivimos tratando de apoderarnos de trocitos dispersos de verdad, que a la larga no son más que distracciones que nos alejan del centro profundo de gravedad y sereno que es nuestro corazón. Cuando encontramos a Dios dentro y nos dejamos encontrar por Él, ya no hablamos solamente acerca de Dios, sino que hablamos con Él, le escuchamos, y lo damos a conocer no tanto en calidad de maestros, sino de testigos.

Cuando nos encontramos con el Dios simple y sencillo, se desata desde dentro la simplicidad del niño que todos llevamos. Alguien escribió esta oración al respecto:

“Doy la bienvenida

Al Dios que llevo dentro A la actitud profunda

De paz y agradecimiento.

Doy la bienvenida al perdón recibido Y al perdón que administro

Por el hecho de ser simplemente ‘humano’. Bendigo la inocencia que habita

En la materia divina de mi corazón. Bienvenido sea el amor

Que doy y que recibo. Señor de la mañana, A ti bendigo y acepto,

A ti para quien la noche Es más clara que el alba.”