Fernando Negro
Dumbo era un elefante alegre y juguetón, divertido, amigo de sus amigos. Pero un día fue a la fuente a beber y vio su cuerpo reflejado en la superficie del agua. Al instante miró a su alrededor y se fijó en la garza con sus atléticas patas y la envidió. Miró a su derecha y vio al leopardo con sus dientes fuertes y brillantes, y lo envidió. Miró a su izquierda y vio a un pájaro multicolor, brillante y sedoso, y lo envidió. Desde aquel momento Dumbo comenzó a desamar su cuerpo potente con su trompa señorial, sus patas regias y el par de colmillos que eran la atracción de la selva. La tragedia de su tristeza comenzó en aquel momento en que se comparó con los demás. Y dejó de ser el elefante juguetón, alegre, divertido y amigo de sus amigos. Quería ser el que no era.
Esta historia habla de la vida miserable en que se metió un tal Dumbo cuando le dio permiso a su baja autoestima para guiar el coche de su vida. Entró en la tristeza y la frustración. Se sumergió en la noche. Intentando ser como los demás, dejó de ser él mismo. La falta de conexión con su identidad, le llevó a la tristeza y la desesperación.
La oración nos ilumina por dentro y nos hace comprender la belleza, la verdad y la bondad en la que fuimos creados. Tal y como somos, nos ama y nos acepta Dios Esos tres atributos divinos son también nuestros, puesto que somos imagen de Dios, como leemos en el primer libro de las Escrituras.44
- Gen 1, 26
Dios es pura luz, en el Él no existe la oscuridad. Sin embargo sólo la luz produce la oscuridad de las sombras cuando un objeto se le interfiere. Lo mismo sucede con la luz de Dios en nosotros: tanto poder luminoso nos ofusca y, al no ser capaces de recibirlo por ser infinito, sentimos la oscuridad; pero lo que realmente nos visita desde dentro es la claridad.
A veces sentimos la noche interior por nuestra falta de sabiduría para gestionar la maravilla que es nuestro ser. Otras veces la sentimos por nuestras decisiones equivocadas cuyos efectos sentimos a lo largo de la vida. Otras veces sentimos la noche oscura porque nos vamos acercando a ese Dios que como el Sol de lo Alto amanece en nosotros, su presencia crea la sensación de la oscuridad debido a las sombras creadas por nuestra falta de libertad interior para acoger el don que Él nos regala.
Hemos de escuchar la voz de Dios a través de nuestros deseos y de nuestras preocupaciones. Dios ha puesto en mí el deseo de amar, de buscar la verdad, de vivir en plenitud, de conectarme con la belleza. Cuando sigo los impulsos de estos deseos nobles, voy de camino hacia Dios.
También he de aprender a escuchar la voz de Dios cuando siento preocupaciones que me dejan intranquilo. En tales casos, he de confiar en que sentimientos semejantes, esconden una nostalgia infinita del Encuentro definitivo con Él, mientras la herida de su amor alimenta el deseo herido de ser totalmente para Él.
Nuestra tarea esencial es entrar en la cámara profunda de nuestro ser real para sacar afuera toda adherencia que impide nuestra libertad. Es lo que San Juan de la Cruz (1542-1591) llama “la casa sosegada”, cuando en el poema “La Noche Oscura”, dice:
“En una noche escura,
con ansias en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!, salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.
A escuras y segura
por la secreta escala, disfrazada,
¡oh dichosa ventura!, a escuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.”
Teresa de Lisieux (1873- 1897) cuenta en su autobiografía, “Historia de un Alma”, que una noche, cuando se retiró a su celda, fue a buscar la lámpara para llevarla a su celda. Pero alguna hermana la había cogido por error; así que permaneció en oscuridad total durante
una hora en la que había pensado hacer muchas cosas. Teresa explica que en lugar de sentirse frustrada, llevaba una alegría grande por dentro: “En la oscuridad de mi celda mi alma estaba inundada de luz divina.”45
Hay ocasiones en las que nuestra experiencia de Dios será mal interpretada por familiares, amigos, etc. Podrán incluso reírse de nosotros. También esto será parte de la noche oscura y del
- Teresa de Lisieux, The Autobiography of St, Therese of Lisieux, Image, New York, 2001, p. 94
sufrimiento que conlleva todo crecimiento desde dentro. “Puede darse el caso de que miembros de la familia comiencen a relacionar los cambios que se van dando en ella, con su experiencia de oración o de dirección espiritual, y la acusen de escapismo dentro de un mundo de falsa espiritualidad.”46
A veces nos sentimos deprimidos, tratando de manejar ciertos conflictos de nuestra psicología todavía no bien integrada, constreñidos por sentimientos de resentimiento, tristeza, dolor, etc. En esos momentos no hay nada mejor que entregar a Dios, sin protocolos nuestro ser dolorido y fragmentado. La fuerza de Dios nos anima a la armonía interior de la cual nacerá gradualmente la belleza de una “presencia” que, a manera de cirugía espiritual, nos irá transformando y embelleciendo.







