Dios, quiero ser tu comadrona. Quiero ayudarte a nacer en muchos – Fernando Negro

Fernando Negro

El salmo 139 tiene algo bello que decir al respecto:

Tú has creado mis riñones,

me has tejido en el vientre de mi madre; yo te doy gracias por tantas maravillas; prodigio soy, prodigios son tus obras”.

Debemos llegar a la convicción de que el amor, la belleza y la bondad que nos habitan son más grandes que todo lo negativo. Hemos hablado tanto del pecado original, que hemos olvidado subrayar la importancia de la inocencia original con la que llegamos a esta vida. Hemos de descubrir que dentro de nosotros hay un almacén inagotable de bondad, verdad y amor del que solemos estar ignorantes. Nos hemos centrado demasiado en la actitud pelagiana del hacer, del perfeccionismo, del controlar nuestra vida, del éxito a toda costa, y nos hemos olvidado de la maravilla del primado de la gracia. Todo es gracia.

Dios aparece en el salmo 139 como la comadrona que no solamente nos ayuda a crecer, sino que plasma el ADN de originalidad irrepetible en todo el universo, con el cual he nacido para ser yo mismo y no otro.

A los que hemos conocido la maravilla de su presencia sanadora, una presencia que nos armoniza por dentro y nos llama a la plenitud, nos toca a la vez ser sus comadronas, para ayudarle a nacer en la consciencia de quienes viven ignorantes de su presencia.

En 1981 salió a la luz el Diario escrito por una muchacha judía, Etty Hillesum, asesinada por los nazis en un campo de concentración. Había tenido una vida disoluta y sin sentido de dirección claro.

Tras vivir muchos años alejada de Dios, en medio del doloroso proceso de exterminación de su pueblo por los nazis, fue encontrando a Dios en el rincón de su vida, como el arpa de Bécquer (1836-1870)32. Dios va siendo tan real dentro de sí misma que un día se sorprende arrodillándose mientras está en el cuarto de baño ante la presencia de Aquel que está amaneciendo dentro. Un paso decisivo en esa búsqueda se dará cuando ella se queda sorprendida de ser “La chica que no sabía arrodillarse y que aún así lo aprendió sobre una áspera alfombra de coco en un baño desordenado.”

Llegado un momento, en el campo de concentración, rodeada de dolor y oscuridad, habla con Dios como con un amigo, y le dice que quiere ser su comadrona, para ayudarle a nacer en los demás. Se da cuenta de que en medio de la desesperación debe comunicar a todos, en los barracones, el sentido supremo de la vida, para que nadie les quite su dignidad. Benedicto XVI hizo referencia a esta figura femenina, cuando escribe:

“Pienso también en la figura de Etty Hillesum, una joven holandesa de origen judío que morirá en Auschwitz. Inicialmente lejos de Dios, le descubre mirando profundamente dentro de ella misma y escribe: ‘Un pozo

  • Del salón en el ángulo oscuro, de su dueña tal vez olvidada, silenciosa y cubierta de polvo, veíase el arpa.

¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas, como el pájaro duerme en las ramas, esperando la mano de nieve

que sabe arrancarlas!

¡Ay!, pensé; ¡cuántas veces el genio así duerme en el fondo del alma,

y una voz como Lázaro espera que le diga «Levántate y anda»!

 

muy profundo hay dentro de mí. Y Dios está en ese pozo. A veces me sucede alcanzarle, más a menudo piedra y arena le cubren: entonces Dios está sepultado. Es necesario que lo vuelva a desenterrar’ (Diario, 97). En su vida dispersa e inquieta, encuentra a Dios precisamente en medio de la gran tragedia del siglo XX, la Shoah33. Esta joven frágil e insatisfecha, transfigurada por la fe, se convierte en una mujer llena de amor y de paz interior, capaz de afirmar: ‘Vivo constantemente en intimidad con Dios’.”

En medio del campo de concentración, Etty descubrió su vocación de ser el corazón pensante para su pueblo, para darles consuelo. Corazón que se acercaba, de parte del Dios escondido, al sufrimiento de su pueblo para anunciarles de parte de Él que nadie podría quitarles la dignidad ni la esperanza.

Etty Hillesum, en la horrenda experiencia del campo de concentración, experimentó un proceso de enamoramiento gradual de Dios, y así descubrió su vocación: » ser la partera de Dios en el mundo».

En la vida de una persona no sólo importa la búsqueda de la felicidad, sino del sentido de la propia vida. Buscar la felicidad a secas es un proceso de “absorción”, receptivo. Es decir, busco ser feliz pidiendo de los demás aquello que me puede servir para conseguirlo. Mientras que buscar el sentido o dirección de la vida es un proceso de “donación” u oblativo: porque he encontrado el tesoro dentro de mí, estoy dispuesto a todo, incluso a morir para compartirlo contigo. Quien sabe compaginar ambos elementos –

  • Shoah es el Holocausto o Catástrofe sufrida por los judíos desde 1941 a 1945, por parte de los nazis. Supuso el mayor genocidio del siglo XX, liderado por Adolf Hitler.

ser feliz habiendo encontrado el sentido definitivo de la vida– se convierte en el verdadero artesano y artista de su existencia.

La oración sin protocolos nos ayuda a vivir conectados con ambos polos, que facilitan la armonía interior y la congruencia fundamental entre el ser y el hacer. Cuando oramos, recibimos de parte de Dios una sabiduría especial, un sentido de dirección existencial por el que conectamos y liberamos el pasado y el presente de modo que se conviertan en plataforma de esperanza, para adentrarnos en el futuro con confianza absoluta.