Fernando Negro
A veces hemos creado una imagen falsa de “dios”, como si fuera un extraño que viene de fuera para ser el aguafiestas de nuestra felicidad. Para algunos, nombrar a Dios es nombrar al general de un ejército que desea exterminarnos. Por el contrario Él es felicidad, y quien se tropieza con Él y lo encuentra, ya jamás será el mismo, pues le inyecta una capacidad de libertad y felicidad que nadie más en el mundo puede hacerlo.
Dios se empeña en demostrarme que yo no soy solamente el producto de mi pasado, sino que sobre todo soy parte del proyecto de lo que puedo llegar a ser. Dios es siempre proyecto más que producto, quiere que me asiente en el presente como plataforma para un futuro de esperanza: “Porque yo sé los planes que tengo para vosotros –declara el Señor– planes de bienestar y no de calamidad, planes para daros un futuro y una esperanza”25.
El problema acerca de la imagen de Dios estriba en que muchas veces no captamos el rostro amoroso de Dios, porque tenemos una percepción negativa de nosotros mismos. Lo que hacemos entonces es proyectar nuestra negatividad en Dios. No tenemos la imaginación, ni la fe necesaria para imaginarnos a un Dios que es siempre mejor de lo que nosotros somos. La imagen distorsionada de nosotros mismos conlleva a la imagen distorsionada de Dios. Toda imagen de Dios que nos lleve al miedo compulsivo, al orgullo de creernos mejores que los demás, a no necesitar la conversión, al legalismo, al fundamentalismo, a la ansiedad, no es la imagen del Dios de Jesús de Nazaret.
Creamos en nuestras mentes a un Dios policía, juez, amuleto, hechicero, etc. No pocas veces la imagen del padre o de la madre,
- Jer 29, 11
que no supieron dar cariño a los hijos, se convierten, por analogía, en imágenes del Dios del terror, del silencio y la distancia.
Como reacción a esta dinámica religiosa distorsionada, hubo y sigue habiendo filósofos y literatos que proclamaron y proclaman la muerte de Dios, del Dios del Miedo instalado en el subconsciente y del que hay que liberarse. En esa línea están pensadores modernos como Nietzsche, Kafka, Sartre, o Freud.
Jesús de Nazaret purifica la imagen de Dios y nos invita a pasar del Dios que castiga, al Dios bondadoso que perdona siempre porque es nuestro Padre; del Dios que mataba a los enemigos en el Antiguo Testamento, al Dios que desea ardientemente que seamos felices, que quiere que amemos y oremos por quienes nos resultan incómodos; Jesús de Nazarte desea que pasemos del Dios del miedo, al Dios que nos conoce y nos llama al amor; del Dios escondido en las nubes y los truenos, el Dios de la pompa y el espanto, al Dios sencillo que habita en nosotros y entre nosotros.26
¿Qué protocolo necesitaremos para aproximarnos a este Dios? Ninguno, solamente el de ser nosotros mismos delante de Él, tal y como somos. A Él le gusta la naturalidad y la espontaneidad.
Dios reclama que seamos nosotros mismos. Esta parábola nos ayuda a comprenderlo mejor:
Un día, la familia fue a comer a un restaurante. El papá y la mamá junto a sus dos hijos habían preparado este momento familiar para construir unidad. El pequeño Antonio, de tan solo cinco años de edad había disfrutado la comida, y ahora esperaba ansioso los postres. Llegó la camarera y preguntó a todos, incluido Antonio, que pensasen qué iban a tomar. Antonio comenzó pidiendo
- Heb 12, 18-24
un helado de chocolate con vainilla. Los papás intentaron acallarlo, pues preferían que tomase un flan. Pero Antonio insistía, frustrado, ya casi abatido, que quería un helado de chocolate y vainilla. La camarera escuchaba a Antonio y le sonreía mientras iba escribiendo en su libreta los deseos de cada cual. Al final miró al pequeño Antonio y le dijo: “Y tú, Antonio, un helado de chocolate y vainilla bien grande.” Los padres se quedaron callados y avergonzados, mientras el pequeño Antonio gritó loco de alegría: “¡Es verdad, la camarera me ha dicho que existo!”
La camarera, escuchando a las necesidades del niño, valorándolo, le hizo entender que “también él existía” y era alguien muy importante. Así nos ama Dios, al estilo de la camarera, diciéndonos que valemos y podemos mucho más de lo que imaginamos. Es importante que tengamos la satisfacción de saber que existimos y que hay Alguien que nos ama tal y como somos.







